
Actualmente, el espacio urbano se encuentra gobernado por grandes centros comerciales, torres corporativas, perímetros feriales, amplias estaciones y recintos de capacidad masiva. Estos modelos arquitectónicos de un presente materializado en hierro y vidrio han hecho que nos olvidemos de las tradiciones que formaron y le otorgaron una identidad a nuestra ciudad. Ante esta situación, los diferentes vídeos de Bernard Bazile, Antonio Ortega o Cesare Pietroiusti, así como las imágenes de los artistas Denicolai & Provoost permiten explorar las nuevas características del espacio que habitamos colectivamente, del paisaje urbano, que formado por altos edificios y resorts turísticos, unifican formas y repiten sistemáticamente tipologías entramando una relación de complicidad entre tradición y modos de vida con el ritmo frenético típico de una ciudad. Aún así, nos preguntamos qué es lo urbano, cómo se origina y cuáles son sus posibles características y efectos sobre nuestras vidas. Éstas, son algunas de las cuestiones que surgen al enfrentarnos con sus obras.
No resulta novedoso señalar que siempre hemos interpretado la realidad a través de las relaciones que nos ofrecen las imágenes. La técnica fotográfica y, aún más la digital, han abierto y reforzado esta concepción. Así, la imagen no solo es una interpretación de lo real, sino que también funciona como un vestigio o rastro directo de lo real. Como una caricatura o un dibujo de cómic, que nos aleja a la vez que nos acerca. Las fotografías de la gente frecuentando el Mercat Central de Castelló o la faena de los pescadores del Grao de Denicolai & Provoost nos hacen acceder, de modo instantáneo, a realidades ajenas para muchos de nosotros, aunque no sin dificultades o ambigüedades, ya que accedemos a esos modos de vida momentáneamente, a través de una distancia, es decir, de una lejanía con nuestra realidad diaria.
Si estos trabajos, aquí expuestos, alteran nuestro modo de mirar y, con ello, nuestra relación con lo real, cabe decir que también nos otorgan una zona para repensar las relaciones que establecemos con el paisaje urbano y nuestro avecindamiento. Las obras expuestas nos acercan a una nueva clase de percepción, y con ella, a las posibles correspondencias que puedan surgir de lo urbano y las masas, los espacios acelerados, los lugares subconscientes, las condiciones políticas de las prácticas temporales y espaciales, junto a las huellas que el ser humano ha dejado en estos lugares, que constituyen el elemento de lo cultural. Se crea una relación dinámica de nuestros artistas con los habitantes de la ciudad como parte de una dinámica grupal, donde el ser humano se hace más visible en el espacio que ocupa.
En ‘Avecindamientos discretos’ no solo se reflexiona sobre la relación entre imagen y realidad, sino que se cuestiona la ambigüedad entre imagen y palabra. Por ejemplo, a través de la recuperación de la estética de los cómics que exponen como carteles de propaganda Denicolai & Provoost, incorporando el lenguaje escrito para aludir, irónicamente, sucesos contemporáneos que tienen lugar en nuestra ciudad, como por ejemplo en la lonja del pescado. La palabra aparece también en las pancartas de Antonio Ortega, donde se nos da un toque de atención, nos despierta y nos capta, con frases cortas y llamativas de denuncia y protesta en las que se debate la realidad. Las imágenes de este proyecto expositivo del Espai d’art contemporani de Castelló se muestran en diversos ambientes --exteriores e interiores-- para que podamos entender los efectos de los mismos en las emociones y los comportamientos de las personas. Así pues, representan las relaciones sociales y vinculaciones, que conlleva a considerar al espacio urbano como un sitio móvil, dialéctico y en continua mutación.
En este contexto, el arte abre un camino propicio para analizar las tramas sociales y los efectos de las mismas en el entorno de la producción espacial. Existe una ida y vuelta entre la práctica artística y el espacio, entre lo imaginario y la realidad, creando así, un ritmo en el tiempo entre esta exposición y su ciudad. De este modo, el arte cumple una función crítica y trasformadora que nos ayuda a reconocer en qué lugar estamos y hacia donde nos dirigimos.