domenica 16 maggio 2010

Avecindamientos discretos (EACC): "Diálogos"

Etimológicamente diálogo (del griego διά (diá, a través) y λόγος (logos, palabra, discurso)) es una modalidad del discurso oral y escrito en la que se comunican entre sí dos o más personas, en un intercambio de ideas por cualquier medio.
Un diálogo puede consistir desde una amable conversación hasta una acalorada discusión sostenida entre los interlocutores, y viene empleado dentro de los diferentes géneros literarios así como en la vida diaria. Un buen diálogo permite definir el carácter de los personajes que forman la ciudad: la palabra revela intenciones y estados de ánimo, en definitiva, lo que no se puede ver, y en ello radica su importancia. Esta modalidad exige un gran esfuerzo de creación, ya que obliga a penetrar en el pensamiento del ciudadano.
En respuesta a la ciudad, por la monumentalidad de sus construcciones y por las agresiones sufridas, se tiende a transgredir ese espacio, que diariamente nos agrede. Bajo una gran diversidad de formas de expresión sobre cómo vive, aborda, padece y  mira la ciudad cada uno de nosotros. De ahí que la muestra de “Avecindamientos discretos”  tenga el afán de generar un diálogo que permita conocer cómo se expresan actualmente los artistas en la ciudad, cómo responden los espectadores y qué opinan al respecto.
Me gustaría subrayar que la exposición está generando un sin fin de conexiones entre la ciudad y sus habitantes originando una serie de diálogos de lo más variopinto.
Podría aventurarme a afirmar que “el diálogo es por si ciudad”, ya que el diálogo sostiene toda ciudad y constituye una llamada a los ciudadanos. Lo propio del filosofar es suscitar el diálogo, es decir, convocar, reunir y polarizar. Así que indudablemente la ciudad se convierte, de este modo, en un centro, allí donde se encuentre, abriendo sus puertas al diálogo, suscitando la posibilidad de la conciencia hacedora de historia y destruyendo el entendimiento de la urbe como puro artefacto construido y por construir, es decir, de producto y pura mercancía. El diálogo es necesario para la ciudad de y para los ciudadanos. No se trata de que todos nos expresemos con un mismo lenguaje, sino de que ampliemos nuestras virtudes y establezcamos un diálogo entre nosotros, como vecinos que somos creando así un avecindamiento, donde se rompa la identidad individual construida a partir de la hegemonía de la razón, como ciudad meramente física,  para reintegrar la naturaleza y lo social como centro y alma de la ciudadanía. Posibilitando, de esta forma, el encuentro y los diálogos, así como las consideraciones de los ciudadanos. Con todo ello, se lograrían ampliar los diversos flujos sociales tejiendo una sólida red social. En definitiva, se restituiría el espacio público.

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