Las observaciones sobre el arte y el espacio traen consigo una configuración que acaece dentro de una delimitación, como un dentro y fuera limitados. Es así como entra el espacio en juego. Un espacio que puede ser habitado por una obra plástica, moldeado como un volumen cerrado, perforado, vaciado, etc., y resultar siempre enigmático.
El espacio sigue impulsando obstinadamente al ser humano moderno a su dominio último y absoluto, y a su modificación. El espacio del arte, el espacio de la vida cotidiana con sus acciones y desplazamientos, los espacios urbanos, todos giran entorno a este proyecto expositivo de ‘Avecindamientos discretos’.
El interrogante sobre lo que el espacio como espacio es, no queda formulado y tampoco su respuesta. Incierto también es el “ser del espacio” y el poder de atribuirle un modo de ser. Según Martin Heidegger detrás del espacio, aparentemente, no hay nada hacia lo cual abismarse. Delante, no existe coartada hacia otra cosa y la mismidad del espacio solo se muestra a partir de sí mismo. Mientras no experimentemos la mismidad del espacio, permanecerá en sombras el hablar sobre un lugar artístico. El modo cómo el espacio obra y atraviesa la pieza de arte se nos anticipa con toda su incertidumbre.
En el espacio se puede hallar la forma plástica como algo dado; el espacio puede encerrar los volúmenes de la figura, así como existir como vacío, algo que conlleva a lo libre, lo abierto, para posteriormente alcanzar un situarse y habitar del ser humano.
El espacio determina, en sí, la liberación de sitios, donde los destinos del hombre existente se proyectan al futuro. Así pues, el espacio que prepara Bernard Bazile en el EACC origina el situar que prepara a su vez el habitar de ‘Avecinamientos discretos’, ya que libera el sitio donde el “espaciar” se manifiesta y donde se encierran acontecimientos, permitiendo la aparición de las sensaciones que van dirigidas a los habitantes.
Además, el espacio admite la posibilidad de pertenecerse co-relativamente en su propia dirección, así como también nos pertenece a cada uno de nosotros desde dentro y a partir de su misma existencia. Su carácter es de arrebatamiento. El sitio o lugar abre cada vez un estado o una ocasión, encontrándose allí las cosas, en co-pertenencia con los visitantes. En este rincón se juega el encuentro, en el sentido de esconder y dejar las cosas liberadas a su libre albedrío.
El espacio denomina la libre vastedad y significa al mismo tiempo: custodiar el encuentro de las cosas en su co-pertenencia. Así pues, según Heidegger tendríamos que atender entonces en qué forma y cómo este juego de co-relación recibe a partir de la libre vastedad del paraje la remisión de la co-pertenencia de las cosas. El juego co-relacionado de arte y espacio habría que reflexionarlo a partir de la experiencia del sitio y del espectador in situ. Con todo, es fundamental para este proyecto de ‘Avecindamientos discretos’ la concepción de espacio como liberación y nido de percepciones y sensaciones que crecen y se acumulan a lo largo de toda la exposición.
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