Alrededor del espacio creado para Avecindamientos discretos en el EACC, se daría lo que Marc Augé denomina los no lugares. Que convierten a los diversos ciudadanos en meros elementos de conjuntos que se forman y deshacen al azar como en Facebook o Twitter, simbolizando la condición humana actual y más aún del futuro.
El usuario mantiene con estos no lugares una relación contractual establecida por una web y no tiene en ellos más personalidad que la documentada en su perfil de usuario. Así pues, a través de estos no lugares, espacios propiamente contemporáneos de confluencia anónima, donde los sujetos están continuamente en tránsito, se permite un furtivo cruce de “miradas” entre personas que puede que no se encuentren nunca.
Con todo, los artistas y los participantes del proyecto, se encuentran de igual modo, sumergidos en estos no lugares, bajo un halo de misterio. Tienen únicamente conocimiento del punto de partida pero no poseen mayor información que la documentada durante su proceso de participación. Puesto que la exposición se mantiene viva y en movimiento, nadie sabe que sera lo siguiente, es una obra que a diferencia de los monumentos, no expresa precisamente permanencia o, por lo menos, duración.
Por el contrario, habría que hablar de la dimensión materialmente temporal de estos espacios. Itinerarios que se miden en horas o en jornadas en marcha, mediante performances, conferencias, etc. Se establece una rotación de lugares y de días consagrados al crecimiento y desarrollo del objeto pertinente, que a su vez puede engendrar en los vecinos fantasías e ilusiones: fantasía del ciudadano, de una sociedad anclada desde tiempos inmemoriables en la perennidad de un terreno intocado más allá del cual nada es ya verdaderamente pensable; de una sociedad tan transparente en sí misma que se expresa entera en la menor de sus costumbres, en cualquiera de sus instituciones así como en la personalidad global de cada uno de los que la componen. Por desgracia la fantasía de muchos de estos vecinos es la de un mundo ya cerrado y fundado de una vez y para siempre que, a decir verdad, no siempre conocen. Por ese mismo motivo, este espacio expositivo le brinda al ciudadano la oportunidad de reconocerse en él. Al infundir “semifantasía” en el lugar, nadie tiene porque dudar de la realidad del lugar comun ya que nadie ignora la realidad de la probabilidad.

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